ANNA DÍAZ Y ADRIANA PAZ: MÁS ALLÁ DE SER MADRE E HIJA EN CENIZA EN LA BOCA

Por Silvestre López Portillo V.

Entrevista exclusiva | Festival de Cannes 2026

Ceniza en la boca, dirigida por Diego Luna, forma parte de la competencia de Largometraje Mexicano del 24.º Festival Internacional de Cine de Morelia, después de su presentación en Cannes, donde tuvimos la oportunidad de conversar con sus protagonistas, Anna Díaz y Adriana Paz. Ambas interpretan a una hija y una madre que, después de años de separación, deben enfrentarse a sus diferencias, reclamos y heridas del pasado. Su encuentro en pantalla es uno de los momentos más intensos de la película y precisamente sobre la preparación de esa escena, el trabajo con Diego Luna y las experiencias personales que las acercaron a sus personajes hablamos durante nuestra entrevista.

La historia, basada en la novela de Brenda Navarro, sigue a Lucila, una joven mexicana que debe hacerse responsable de su hermano menor después de que su madre emigra a España en busca de mejores oportunidades. Cuando finalmente se reencuentran, descubren que los años de separación han dejado heridas difíciles de sanar.

Uno de los mayores aciertos de la película es precisamente la relación entre sus protagonistas. Anna Díaz construye una joven que carga con responsabilidades que no le corresponden, mientras Adriana Paz interpreta a una madre cuyas decisiones, aunque tomadas por el bienestar de sus hijos, han tenido consecuencias que difícilmente pueden repararse.

Durante nuestra conversación les pregunté cuáles habían sido las indicaciones más importantes de Diego Luna para interpretar a estos personajes y cómo lograron construir una relación tan compleja.

Anna explicó que el director les permitió explorar emocionalmente cada situación, en lugar de limitarse a seguir instrucciones específicas.

«La manera en la que nos relacionábamos en el set era intentar entender lo más humanamente posible lo que estaba ocurriendo en cada escena. Sus indicaciones eran pláticas sobre qué sentíamos, qué pensábamos y qué les estaba pasando a los personajes».

Para la actriz, esa libertad fue fundamental porque también podía tomar decisiones sobre la manera de interpretar a Lucila.

Adriana Paz coincidió en la importancia de ese proceso, pero destacó algo que pocas veces se conoce del trabajo actoral. Antes de comenzar el rodaje, Luna les dio tiempo para convivir, improvisar y desarrollar la relación entre sus personajes.

«No siempre tienes estas oportunidades de dejar que la historia empiece a vivir más allá de lo que está escrito. Los personajes comienzan a existir a través de nuestros cuerpos, de nuestra energía y de lo que sucede durante esos ejercicios».

Paz considera que dedicar tiempo a esta preparación permite descubrir relaciones y emociones que después facilitan el trabajo frente a la cámara.

Uno de los momentos centrales de nuestra conversación llegó cuando les pregunté por la intensa secuencia de confrontación entre madre e hija. Una escena que funciona prácticamente como un duelo de miradas, silencios y reclamos acumulados durante años.

Adriana reveló que precisamente esa escena había formado parte de su prueba de selección para la película. Diego Luna quería comprobar cómo funcionaba la relación entre ambas actrices antes de comenzar el rodaje.

«Fue mágico y muy poderoso. Lo que pasó entre ella y yo nos dejó en silencio. Después Diego nos comentó que, si hubiera tenido una cámara, habría grabado aquello y se lo habría quedado».

Para Adriana, el resultado surgió de la conexión que lograron establecer. Mirarse a los ojos, escuchar a la otra y responder desde las emociones de sus personajes convirtió la escena en algo mucho más profundo que una confrontación.

Anna añadió una reflexión que ayuda a entender el verdadero conflicto de Ceniza en la boca.

«Yo estaba intentando defender a mi personaje y Adriana estaba intentando defender al suyo, pero había un momento de quiebre. Por primera vez estás escuchando algo que necesitabas escuchar».

Y entonces explicó que la escena marca un cambio fundamental en la relación de ambas mujeres.

«Dejas de ver a tu madre como una madre, a tu hija como una hija y empiezas a verla como una persona. Empiezas a escuchar sus decisiones y, aunque se haya equivocado o lo haya hecho bien, ya no existe solamente ese juicio de lo que debió haber hecho».

Ahí está uno de los conflictos más interesantes de la película. Lucila ha construido su vida desde el resentimiento por el abandono de su madre, pero el reencuentro la obliga a reconocer que detrás de aquella decisión existe otra historia, una que nunca había considerado.

La conversación también nos permitió conocer cuánto tenía Anna Díaz de su personaje. Le pregunté qué la había atraído de Lucila, una joven que debe enfrentar situaciones muy difíciles mientras intenta encontrar su propia identidad.

«Me atrae que es un personaje muy vivo, con muchos matices y una historia de vida muy compleja, pero con la que es imposible no identificarte».

Anna recordó que desde pequeña había asumido responsabilidades familiares y que a los 19 años dejó su casa para estudiar y comenzar una vida independiente. Sin embargo, compartió una coincidencia todavía más significativa.

Antes de iniciar el rodaje viajó a Estados Unidos para visitar a su madre, quien vive allí desde hace varios años. Durante ese viaje comenzó a leer la novela de Brenda Navarro y experimentó situaciones que terminaron acercándola emocionalmente a Lucila.

«Llegué a otro país a ver a mi mamá y también hubo una confrontación. Había decisiones y circunstancias que yo no entendía. Fue algo que conectó con la historia de Lucila».

Después de aquella visita, Anna viajó directamente a Barcelona para comenzar el rodaje.

«Yo sí creo que los personajes te eligen, por más que tú los desees. Al final, ellos te eligen».

Hacia el final de nuestra charla les pregunté qué clase de actrices querían seguir siendo después de vivir la experiencia de presentar una película en Cannes.

Anna respondió que su deseo es continuar trabajando con honestidad y disciplina, participando en historias que la conmuevan y que representen a las mujeres de las que quiere hablar a través de su trabajo.

Adriana, por su parte, recordó que esa búsqueda la ha acompañado desde el comienzo de su carrera.

«Siempre he intentado ser fiel a mí misma, contar historias que me toquen las entrañas, que pasen por aquí y que de verdad me importen. Hay que mantener el mismo compromiso, el mismo amor y las mismas ganas que cuando estás buscando tu lugar».

La conversación terminó recordando un momento especialmente significativo para Adriana Paz. Su regreso a Cannes tenía un sentido distinto después del reconocimiento que había recibido por Emilia Pérez.

Le comenté que en aquella ocasión había formado parte de un acontecimiento cinematográfico importante, pero que ahora regresaba con otra seguridad y con una trayectoria que merecía celebrarse.

«Lo estoy disfrutando mucho esta vez. Me siento más arropada, más tranquila y segura».

Adriana habló también del cariño que la une desde hace años con Diego Luna y Gael García Bernal, así como de la relación que había construido con Anna durante la película. Incluso recordó cómo, durante la sesión fotográfica en Cannes, se encontró arreglándole el vestido, un gesto espontáneo que reflejaba la cercanía entre ambas.

Esa complicidad es también uno de los mayores valores de Ceniza en la boca. Diego Luna construye una historia donde madre e hija tienen razones para sentirse heridas y donde comprender a la otra no significa necesariamente justificar sus decisiones. Anna Díaz y Adriana Paz consiguen darle vida a esa contradicción mediante dos interpretaciones que encuentran buena parte de su fuerza en las miradas, los silencios y todo aquello que sus personajes no se han atrevido a decirse.

Ahora, con la película en competencia en Morelia, es una buena oportunidad para recuperar aquella conversación en Cannes y reconocer el trabajo de dos actrices que, desde distintas generaciones y momentos de sus carreras, comparten una misma convicción. Los personajes deben tener una razón para existir más allá de lo que está escrito en el guion.

Ceniza en la boca llegará a las salas mexicanas el 5 de noviembre.

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