El virus sí existe: doña Cristi

“Nunca pensé que estaría pasando por una situación como esta, yo ni siquiera creía que el COVID era verdadero, una escucha cosas y piensa que es juego o invento, mira tuve que aprender a la mala, cómo iba a saber que el coronavirus me quitaría a mis hijos”, comenta Cristina Palma mujer de 79 años quien ahora se enfrenta al deceso de sus tres hijos, luego de que perdieran la batalla contra el Coronavirus.

Luis, Sergio y Manuel eran residentes del barrio de Tepito, al igual que muchos habitantes del Barrio Bravo el trio de hermanos se negaba a creer en la existencia del Coronavirus; los “Pachecos”, como eran conocidos entre las vecindades aledañas, se dedicaban al comercio ambulante. A pesar de las advertencias por miembros de su familia sobre el nuevo virus, continuaron con sus actividades bajo la idea acuñada de que “de algo me tengo que morir”.

A diferencia de otros miembros de su familia, “Los Pachecos” nunca se casaron y aunque fueron varias las parejas que tuvieron, todas sus relaciones terminaban en separación, por lo que su núcleo familiar se reducía a ellos y su madre.

Mientras Manuel y Luis trabajaban en su puesto vendiendo calcetas a mayoreo, Sergio había optado por la venta de películas; para los tres hermanos el dinero nunca fue problema, pues los estragos ocasionados por la pandemia no afectaron a los hermanos en lo económico.

“Todos los martes nos juntábamos los cuatro, comíamos, veíamos la televisión y siempre terminábamos tomando café mientras escuchábamos el radio; qué sola se siente la casa sin mis hijos”, comenta entre lágrimas Cristina.

“Angustia de no tenerte aquí, tormento de no escuchar tu voz”, es la canción de Bienvenido Granda que se escuchaba en la sala principal, mientras la mujer de casi 80 años narra el trágico escenario que tuvieron que vivir sus hijos antes de fallecer.

“Los primeros en enfermarse fueron Manuel y Luis, ambos trabajaban juntos. Todo empezó cuando a Manuel le comenzó a dar dolores de cabeza constantes; le siguió una gripa, aunque nunca pensamos que le iba a dar COVID”, narra doña Cristina.

Fue un 19 de julio cuando la salud de ambos hermanos comenzó a empeorar; su madre narra que debido a la situación optaron por aislarse en el departamento contiguo, por lo que Cristina constantemente podía monitorear la salud de sus dos hijos.

“Durante 2 semanas me tuvieron con el pendiente, fueron días de desvelo y preocupación, una como madre presiente cosas, aunque ellos me decían que estaban bien, yo sabía que no era verdad y me aterraba pensar que algo malo les pudiera suceder”.

Las oraciones y la actitud positiva de doña Cristina no sirvió de mucho en la recuperación de sus hijos, ya que fue hasta el 30 del mismo mes cuando ambos hermanos tuvieron que ser hospitalizados.

“Nuca olvidare el día en el que Manuel me marcó a la casa, eran las 10 de la noche y con la voz entre cortada me dijo por teléfono, “mama, no se espante, pero ya no puedo respirar, estamos muy mal”, el corazón se me rompió, no sabía que hacer”.

Entre lagrima Cristina cuenta que ante la desesperación, sólo podía recurrir a su hijo mayor Sergio, quien en ningún momento se separó de sus dos hermanos. Tras ser internados en el hospital Siglo XXl se confirmó lo que ellos creían era sólo un mito.

“Durante toda la noche me la pasé en vela, lo único que quería era saber si mis hijos estarían bien. Le recé a Dios y le oraba a la Virgen para que salieran de esta, pero mi esperanza se terminó cuando Sergio me confirmó que les habían detectado COVID, yo sabía que ya no los volvería a ver”, narra Cristina mientras una de sus vecinas le revisa la presión arterial.

Bastó una semana para que los hermanos perdieran la lucha contra el virus del SARS-CoV-2; su madre asegura que no hay dolor más grande que perder a dos de sus hijos y que éste sólo se podría comparar con la angustia que pasó durante las semanas que Manuel y Luis estuvieron convalecientes.

Su mayor temor se hizo realidad, el virus que pensaron no era verdadero cobró la vida de dos de sus hijos, mientras Cristina pensaba que la tempestad ya había terminado la realidad era otra, pues ahora el virus habitaría en su hijo mayor Sergio.

“No le deseo a ninguna otra madre el dolor de cremar a uno de sus hijos, es algo indescriptible sentí como si me apretaran el corazón, como si todo se me nublara, para mi hijo fue peor, él era muy unido con sus hermanos”, narra Cristina mientras ve con tristeza la foto de sus hijos.

Señala que luego del deceso de Manuel y Luis, Sergio se hundió en la depresión, por lo que comenzó a refugiarse en la bebida desatendiendo su negocio, al igual que el de sus hermanos.

“Los ahorros que mis hijos habían generado se esfumaron de repente nos llenamos de deudas por los servicios médicos y funerarios, son esas mismas deudas las que ahora recaen en mí”.

Paso alrededor de un mes para que Sergio comenzara a manifestar los mismos síntomas que sus hermanos, lo que volvió a preocupar a su madre.

“Un día Sergio empezó con gripa y dolores de cabeza, decía que era por estar tomando, pero nunca antes lo había visto así, su semblante cambió y adelgazó muchísimo, ya no dormía y menos comía se tiró a la depresión”, señala Cristina.

Sin pensarlo Cristina acudió a su hermano para poder internar a Sergio en el mismo hospital donde sus hermanos perecieron; sin embargo, para Sergio las cosas no fueron nada sencillas, pues debido a los excesos con el alcohol ya había desarrollado cirrosis.

“Mi hijo ya estaba mal, él lo sabía y nunca dijo nada, lo que me da más tristeza es saber que lo que él quería era morir, una madre tiene que cuidar bien a sus hijos y no lo hice, perdí a mi única familia, lo perdí todo” comenta mientras rompe en llanto.

Sergio corrió con la misma suerte que sus hermanos, Cristina señala que este es un golpe del cual jamás se podrá reponer, pues ella tenía la esperanza de ver a sus hijos formar una familia y verlos felices, ahora se encuentra sola y sin más familia.

“Para mí ya no hay días buenos, todo pasó tan rápido y ahora me he quedado sola, quien se va a sentar a tomar café conmigo, como quisiera estar con mis hijos”.

Cristina comenta que ella ya se ha podido vacunar, resalta que, aunque nada de esto fue su culpa, ella pudo haber hecho más, pese a que sus hijos ya están descansando en paz ella comenta que esta situación sólo le dejó “un hoyo negro en el corazón el cual jamás se podrá sanar”.

Acerca de Agencias

Te puede interesar

Detectan en California el primer caso de variante Ómicron de COVID

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de EE.UU. identificaron el primer …